El Vino Marqués de Cáceres es el emblema de la elegancia riojana, donde la maestría artesanal se encuentra con la innovación.
¿Qué sucede cuando la disciplina del savoir-faire bordelés se fusiona con la pasión de las tierras riojanas? El resultado es una firma que cambió para siempre la historia del vino en España. Hablar de Vino Marqués de Cáceres es adentrarse en un universo donde el tiempo parece detenerse para permitir que cada uva exprese su máxima identidad, logrando una armonía que ha conquistado paladares en más de 120 países.
La historia de esta bodega, fundada en 1970 por Enrique Forner, marcó un hito en la Denominación de Origen Calificada Rioja. Tras años de experiencia en los châteaux franceses, Forner introdujo técnicas de vinificación innovadoras que priorizaban la finura y el protagonismo de la fruta sobre el exceso de madera, un enfoque que hoy define el carácter inconfundible del Vino Marqués de Cáceres.
La calidad de estos vinos nace en la tierra. La bodega cuenta con una relación privilegiada con viticultores de la Rioja Alta y Alavesa, seleccionando parcelas de viñas viejas con rendimientos limitados pero de una concentración aromática excepcional. Los suelos arcilloso-calcáreos y el clima con influencias atlánticas proporcionan la estructura necesaria para elaboraciones de larga guarda.
El Vino Marqués de Cáceres se distingue por un proceso de crianza meticuloso. El uso de barricas de roble francés de grano fino es una de las señas de identidad de la casa, permitiendo una micro-oxigenación que pule los taninos sin enmascarar los aromas primarios de la uva. La paciencia es el ingrediente secreto; tanto el Reserva como el Gran Reserva descansan en los botelleros de la bodega hasta alcanzar su punto óptimo de redondez.
Al catar un Vino Marqués de Cáceres, se percibe una complejidad que evoluciona en la copa. Los tintos suelen presentar un color rubí profundo y una nariz rica en fruta negra compotada, notas de regaliz y sutiles toques de vainilla y cacao. En boca, la entrada es voluminosa, con un paso de seda y un final persistente que evoca la nobleza de su origen.
Gracias a su equilibrio entre acidez y estructura, estos vinos son compañeros ideales para una amplia diversidad de platos:
La apuesta de la familia Forner por la sostenibilidad y la innovación técnica asegura que cada cosecha sea un fiel reflejo de su compromiso con la excelencia. Disfrutar de una copa de este vino es participar de una tradición que se renueva constantemente, manteniendo siempre la elegancia como bandera indiscutible.
La distinción radica en el tiempo de envejecimiento y la selección de uva. El Reserva proviene de viñas viejas y pasa unos 20 meses en barrica y 2 años en botella.
El Gran Reserva se elabora solo en añadas excepcionales, con una crianza mínima de 24 meses en roble francés y 4 años de afinado en botella, logrando una complejidad y elegancia superiores.
El Tempranillo es la variedad predominante, aportando la estructura y elegancia característica.
Se complementa habitualmente con pequeños porcentajes de Graciano, que añade frescura y potencial de guarda, y Garnacha Tinta, que aporta frutosidad y suavidad al conjunto final del vino habitual en Rioja Alta y Alavesa.